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Ignacio García González: «Los árboles funcionan como una caja negra que registra la historia ambiental de los bosques»

Ignacio García González es investigador del Grupo Biodiversidad y Botánica Aplicada
Ignacio García González es investigador del Grupo Biodiversidad y Botánica Aplicada
Profesor de la Escola Politécnica Superior de Enxeñaría del Campus Terra (USC) y referente en dendrocronología, García González analiza cómo la madera permite reconstruir el pasado ambiental y anticipar el futuro de los bosques frente al cambio climático

La historia ambiental de un bosque puede leerse en la madera de sus árboles. Esa es la premisa que atraviesa la trayectoria investigadora de Ignacio García González y que da sentido a una entrevista en la que el tiempo, el clima y el crecimiento arbóreo dialogan a través de los anillos de los robles del noroeste ibérico.

Profesor de la Escola Politécnica Superior de Enxeñaría del Campus Terra, miembro del Departamento de Botánica de la Universidade de Santiago de Compostela e investigador del Grupo Biodiversidade e Botánica Aplicada, además de investigador adscrito al IBADER, Ignacio García González repasa más de dos décadas de investigación dedicadas a la dendrocronología, la anatomía cuantitativa de la madera y la xilogénesis.

Desde sus primeros pasos en la Botánica hasta la coordinación de proyectos nacionales e internacionales, su trabajo ha contribuido a comprender cómo los árboles registran, a escala celular, los efectos del clima, los eventos extremos y las perturbaciones ambientales.

En esta conversación reflexiona sobre la respuesta de los robles ante el cambio climático, el valor de la investigación básica para anticipar escenarios futuros y el papel de la universidad en la conservación y gestión sostenible de los ecosistemas forestales.

Una mirada científica que combina pasado, presente y futuro para descifrar cómo funcionan los bosques y qué decisiones debemos tomar para protegerlos.

-Su carrera en la USC comenzó hace más de dos décadas. ¿Cómo recuerda sus primeros pasos en la Botánica y qué le llevó a especializarse en el estudio del crecimiento radial de los árboles, especialmente de los robles?

-Desde que empecé mis estudios de Biología siempre tuve especial interés por la Botánica, prácticamente por cualquier campo de la misma. Cuanto terminé mi carrera y decidí hacer una Tesis Doctoral, mi mayor interés fue que se realizase en relación con las plantas, aunque no quería limitarme a estudiar solo las plantas, sino que fuese realizar una investigación multidisciplinar. Lo que más me atraía la relación de las plantas con factores ambientales, especialmente los climáticos.

Entre las múltiples técnicas que se podían emplear con este fin, una de las que inicialmente se planteó fue el análisis de los anillos, la dendrocronología, ya que permitía tener esa visión del pasado, de poder conocer la historia a lo largo de la vida del árbol. Al principio pensé que sería una técnica más para aplicar en mi tesis doctoral, pero a medida que fui profundizando, no había ninguna duda de era más que suficiente para realizar un doctorado, sobre todo en una época en que los dendrocronólogos en España se contaban con los dedos de una mano. Y la dendrocronología era la herramienta ideal para conocer los principales factores que influyen sobre el crecimiento de los robles, principales especies dominantes en los bosques de Galicia.

Fue además momento en que la dendrocronología tuvo avances muy importantes, especialmente con la introducción de otras técnicas como los análisis anatómicos o los estudios isotópicos, ya que empezaban a aplicarse, aunque no de forma sistemática.

Dentro de la Botánica, siempre tuve bastante interés por la anatomía de las plantas, incluso antes de empezar a aplicarla a los anillos de crecimiento. Así, hacia el final de mi Tesis Doctoral extendí la investigación en dendrocronología a este campo tras observar que las células conductoras (vasos) variaban notablemente unos anillos a otros, y que esta variación de tamaño y número se podía cuantificar y ofrecer información ambiental que en muchos casos era más valiosa que la de la anchura de los anillos. De esta manera, centré mi investigación posterior en las características anatómicas de los anillos de crecimiento.

-La dendroecología y la anatomía de la madera son dos temas recurrentes en su carrera como investigador. ¿Cómo explicaría, de forma sencilla, qué información puede revelar un anillo de crecimiento sobre la historia ambiental de un bosque?

-Una definición que me gusta mucho es la que dice que un árbol se comporta como una “caja negra”, que recoge todos los acontecimientos que tienen lugar a lo largo de su vida. Cuando se forma un anillo de crecimiento, las células que lo componen son de diferente tipo, y las características de cada una de ellas pueden además variar. Son las condiciones ambientales en el momento de la formación del anillo, o su predisposición unos meses antes, las que determinan cómo van a ser esas células y por tanto el aspecto y el tamaño final del anillo. Como se forman del centro hacia la fuera, cada estación de crecimiento se añade un nuevo anillo pero los anteriores permanecen inalterados. Y la “lectura” o interpretación de estos anillos mediante dendrocronología permite reconstruir estas condiciones en el pasado.

Además, los árboles que crecen en el mismo ambiente o bajo las mismas condiciones presentan patrones similares, lo que hace posible datarlos entre sí, encajarlos como si fuera un puzle, y construir largas secuencias que solapan unas con otras. Este solapamiento es la base de la dendrocronología, y se denomina sincronización.

A partir de estas secuencias se pueden identificar procesos que tuvieron lugar en el pasado. Se puede compararlas con registros climáticos para identificar qué variables controlan el crecimiento, o cuál fue el efecto de eventos climáticos extremos (heladas tardías, sequías, tormentas…). Los incendios forestales pueden dejar cicatrices en los anillos, las plagas de insectos o las podas pueden causar reducciones de crecimiento…, sucesos todos ellos datables por dendrocronología.

Cuando se corta o muere un árbol los individuos próximos se ven liberados de competencia y empiezan a crecer más rápido. O incluso procesos globales que afectan a gran parte del planeta, como las grandes erupciones volcánicas, también dejan sus marcas en forma de anillos de helada u otras señales. Todas estas características permiten reconstruir una historia de acontecimientos en los bosques, y esta información es aun mayor si se analiza la anatomía de los anillos o incluso de la composición química de sus células.

Esta información de estas cronologías se puede combinar a lo largo de secuencias espaciales y temporales cada vez mayores, abarcando continentes y milenios.  Por estos motivos, la dendrocronología es la principal herramienta para reconstruir el clima del pasado en estudio de cambio climático, pero también procesos históricos como los cambios de civilizaciones a través de la datación de sus construcciones de madera. Y es posible datar, múltiples objetos, como edificios, pecios, obras de arte, instrumentos musicales…, solo por su madera.

-Una parte importante de su trabajo se centra en comprender la respuesta de los robles ante escenarios futuros de cambio climático. ¿Qué señales están ofreciendo actualmente estos árboles en el noroeste ibérico y qué implicaciones podrían tener para la gestión forestal?

-Los robles son las especies más importantes en los bosques naturales del el Noroeste Ibérico, que constituye además su límite de distribución suroccidental en Europa. A diferencia de la mayor parte de la Península, donde el clima es mediterráneo y los robles son sustituidos por otras especies ya que no son capaces de resistir altos niveles de sequía, en Galicia domina dos especies de roble. El más habitual, que llamamos carballo (Quercus robur) es de distribución más europea, mientras el rebolo (Q. pyrenaica) tiene una mayor tendencia mediterránea, es decir, resiste mejor la sequía, pero tiene una estación de crecimiento más breve porque abre muy tarde las yemas para evitar heladas tardías.

Con estas ideas, las hipótesis de trabajo de nuestros primeros proyectos estaban centradas en la idea de que el rebolo, más resistente a la sequía, podría sustituir al carballo a medida que aumentaba el estrés a consecuencia del cambio climático. Sin embargo, los resultados que obtuvimos fueron mucho más complejos y no se limitaban a que una especie sea favorecida y otra beneficiada.

Ahora tenemos mucho mejor conocimiento de cómo crecen estas especies, las cuales tienen un tipo de anatomía muy peculiar, que se denomina de “anillo poroso”; son árboles que forman unos vasos muy grandes al principio de la estación, muy eficientes, para conducir la mayor parte del agua. Pero estos son vasos, esenciales para su supervivencia, se forman a partir de reservas del año anterior.

A partir de nuestros análisis sobre la formación de madera sabemos ambas especies dejan de crecer relativamente pronto en verano, y parece que si las condiciones son desfavorables, por ejemplo, una fuerte sequía, su prioridad no es formar más madera sino asegurarse las reservas necesarias para la estación siguiente. Y es ahí cuando el cambio climático juega un papel muy importante, porque si aumenta la sequía durante el verano los árboles, además de crecer menos, acumularían menos reservas, las cuales deben sustentar no solo el crecimiento inicial al año siguiente sino también la respiración del árbol durante el invierno, cuando carece de hojas que puedan asimilar. 

Los resultados anatómicos que tenemos muestran que las condiciones durante el invierno, especialmente si es cálido y lluvioso, guardan gran relación con el aspecto de los vasos de la primavera siguiente, pero todavía no conseguimos comprender el mecanismo que está implicado.

Pero dentro de esta estrategia común a ambas especies hay también ciertas diferencias. Así, el carballo parece ser más sensible ante condiciones adversas como sequías, pero también mejora más su crecimiento si las condiciones son favorables, es decir, asume más riesgos para lograr mayor beneficio, mientras el rebolo parece más conservador en este aspecto.

-En los últimos años ha incorporado la xilogénesis como una de sus líneas de trabajo principales. ¿Qué aporta esta técnica al estudio del crecimiento arbóreo y en qué medida ha contribuido a los proyectos en los que trabaja su grupo de investigación?

-Mi carrera investigadora empezó en con lo que yo llamo “dendrocronología clásica”, basada en la anchura de los anillos de crecimiento. A partir de los primeros resultados pudimos encontrar que los árboles en esta región de Europa presentaban una fuerte señal común, lo que indica que respondían muy bien a los factores ambientales. Este suele ser el primer paso para conseguir comprender cómo el clima influye sobre el crecimiento. 

Sin embargo, cuando se comparaban las mismas series con series climáticas, no se obtenía una buena respuesta, quizás por la ausencia de uno o unos pocos factores limitantes, haciendo que el control fuera diferente de unos años a otros (a veces, una helada tardía, otras un pulso de sequía, condiciones continuadas durante toda la estación…).

Por ese motivo, pasamos a completar el análisis de las respuestas climáticas midiendo los tamaños de los vasos a lo largo de los anillos mediante análisis de imagen. En este caso sí existió una fuerte relación con el clima, mucho mayor que en el caso de la anchura de los anillos, ofreciendo informaciones complementarias que no se registraban en la anchura.

Desde el final de mi Tesis Doctoral hasta aproximadamente el año 2010 me centré sobre todo en el desarrollo metodológico de esta disciplina emergente, la Anatomía Cuantitativa de la Madera, y concretamente de las especies que, como el roble, presentaban esta estructura de anillo poroso.

Sin embargo, estos trabajos plantearon una nueva cuestión. La asociación entre el tamaño de los vasos y el clima era muy buena, pero su correcta interpretación requería comprender el mecanismo responsable de esa respuesta.

Por ejemplo, una respuesta bastante consistente fue que en muchas áreas los inviernos suaves se asociaban con vasos de primavera de menor tamaño, lo que no resultaba fácil de interpretar. Por ello se hizo necesario saber con precisión en qué momento se forma cada elemento de la madera, o cuánto tiempo tardan los vasos en alcanzar su tamaño o en conducir agua, además de la relación de estos procesos con otros del crecimiento, como la formación y maduración de las hojas. Así que estas cuestiones llevaron a la xilogénesis, una disciplina que empezó a hacerse popular hacia la segunda mitad de la década de 2000, la cual era ideal para responder a esta cuestiones con el fin de interpretar los resultados de la dendrocronología y la anatomía cuantitativa con una relación causa-efecto.

Por lo tanto, considero que dentro de las técnicas aplicadas hasta ahora, si bien la mayor parte de mis proyectos ha tenido la xilogénesis como uno de los pilares fundamentales, mi mayor aporte se sitúa en el campo de la anatomía cuantitativa de la madera. Al haber sido las cuestiones plateadas a partir de la anatomía cuantitativa las que me llevaron a iniciar los trabajos en xilogénesis, considero mi que la anatomía cuantitativa y la dendrocronología son mis principales disciplinas, y la xilogénesis es una consecuencia surgida de las necesidades para completar estos campos. En cualquier caso, siempre planteo mis proyectos de investigación siempre planteo la investigación en torno a tres ejes principales interrelacionados entre sí e inseparables: dendrocronología, anatomía cuantitativa y xilogénesis, ampliadas progresivamente con otras técnicas necesario, ya que es necesario entender cómo el ambiente afecta a otros procesos en el árbol que acaban determinando la formación de madera.

Vista de un bosque de robles

-Ha sido Investigador Principal de varios proyectos nacionales y autonómicos, como THERMOXYLO o ROCLIGAL. ¿Qué retos científicos afrontaba cada uno y qué resultados destacaría de cada uno de ellos?

-Durante el período 2011-2014 desarrollé mis primeros proyectos de investigación como Investigador principal, uno a nivel nacional (XIRONO) y otro autonómico (ROCLIGAL), ambos de temática similar y complementarios en sus contenidos.

Hasta ese momento había desarrollado toda mi investigación en “dendrocronología clásica” (anchura de los anillos de crecimiento) y en el desarrollo de la la anatomía cuantitativa de la madera (aplicación de técnicas dendrocronológicas a parámetros anatómicos para cada anillo). En el momento de solicitar estos proyectos habíamos elaborado varias decenas de cronologías en el noroeste de la Península, algunas con muy buena señal, pero no encontrábamos relaciones claras con los factores climáticos, por lo que fue necesario comprender mejor tanto las respuestas a nivel anatómico como los procesos de formación de madera.

Por lo tanto estos dos proyectos se orientaron a aumentar la red de cronologías empleando anatomía cuantitativa (mucho más laboriosas que la simple medición de anillos, e iniciar los estudios de xilogénesis. 

XIRONO se basó en comparar las respuestas y monitorizar la formación de madera de las dos especies de roble dominantes en Galicia, coexistiendo a lo largo de un gradiente de mediterraneidad, durante dos años, y fue un estudio muy intensivo a escala temporal. ROCLIGAL realizó análisis similares a lo largo de tres cuencas fluviales, siendo la variación altitudinal el principal gradiente, pero en este caso se prestó mayor atención a la escala espacial que a la temporal, con un seguimiento más orientado a la población que a los individuos.

A partir de estos proyectos surgieron cuatro tesis doctorales (dos principalmente en xilogénesis y otras dos en anatomía cuantitativa) y más de 15 publicaciones científicas de alto impacto.

THERMOXYLO es un proyecto más reciente, que finalizó hace poco más de un año, y todavía estamos elaborando las publicaciones a partir de los resultados. El planteamiento inicial fue similar a los anteriores, pero en este caso el estudio se centró específicamente en el carballo que domina los bosques termófilos de Galicia, es decir, bosques están sometidos a unas temperaturas más altas, y por tanto a una tendencia más mediterránea. Son también los robledales naturales con una mayor presión antrópica, y debido a sus características, más sensibles al cambio climático. Nuestra idea fue ver cómo la formación de madera estaba afectada por el estrés que se producía en dos momentos de la estación: durante el verano, con altas temperaturas y sequía, y durante el invierno, cuando las temperaturas suaves podrían influir en los balances de reservas.

Así, comparamos tres zonas diferentes: la costa Cantábrica con verano suave y húmedo, e invierno también suave y lluvioso; la costa Atlántica, con veranos más cálidos y secos, e invierno suave y muy lluvioso, y la zona interior, principalmente en Ourense, con verano muy cálido y seco, pero invierno más continental y temperaturas más bajas.

-También coordinó la red internacional Marie Curie ForSEAdiscovery, que unió ecología e historia a través de la dendrocronología. ¿Cómo fue la oportunidad de trabajar en un proyecto de esta dimensión y qué aportó a su visión investigadora?

-Es verdad que las redes ITN Marie Curie son proyectos de gran dimensión, ya que no contemplan solo la investigación, sino que lo fundamental de las mismas es un programa de formación asociado, que el caso de ForSEAdiscovery supuso la realización de más de 10 Tesis Doctorales y la formación de tres investigadores postdoctorales. Mi papel en esta red fue el de Coordinador Científico, pero la coordinación global del proyecto fue realizada por la investigadora del CSIC Ana Crespo Solana.

ForSEAdiscovery fue sin duda el proyecto de mayor carácter multidisciplinar en el que pude trabajar en toda mi carrera, ya que participó gente de campos muy diversos. El tema central sobre el que se desarrolló la red fue el comercio de madera para construcción naval en los Imperios Ibéricos durante la Era de los Descubrimientos (siglos XV-XVII), y para ello se emplearon muchas técnicas diferentes. Mientras los historiadores se centraron en la investigación archivística, un equipo de arqueólogos submarinos estudió los yacimientos de pecios sumergidos y obtuvieron muestras de madera que nosotros después pudimos utilizar. 

El tercer paquete de trabajo, del que yo formaba parte estaba dedicado a aplicar diferentes técnicas para tratar de determinar el origen de la madera, para lo cual usamos árboles vivos y tratamos de ensayar esas técnicas sobre la madera proveniente de los pecios. En el caso de la dendrocronología, obtuvimos cronologías para la Cordillera Cantábrica, el Sistema Central y Andalucía, tanto a partir de árboles vivos como de edificios, y llegamos a tener series que superaban 7-8 siglos.

Pero al margen de los resultados científicos obtenidos, la experiencia de trabajar con personas provenientes de campos tan diferentes fue muy gratificante.

-Desde el 2019 coordina la unidad Biodiversidad y Botánica Aplicada, reconocida como Grupo de Referencia Competitiva. ¿En qué se centra actualmente la actividad del grupo y qué líneas de investigación considera más prometedoras?

-El grupo Biodiversidad y Botánica Aplicada (BIOAPLIC) surgió inicialmente como la unión de varios investigadores del Departamento de Botánica que manteníamos líneas de investigación muy diversas, si bien todas centradas en la Botánica. Nuestro objetivo era conseguir sinergias que nos permitiesen desarrollar una unidad de investigación con intereses comunes. En el momento de crearse el grupo apenas teníamos trabajos en colaboración, salvo algunos muy puntuales, pero conseguimos fijar unos objetivos comunes y tratamos de colaborar más en conjunto. 

Desde su creación en 2015 conseguimos el reconocimiento autonómico de Grupo de Referencia Competitiva, mantenido durante hasta la actualidad tras tres convocatorias consecutivas. Por su naturaleza, BIOAPLIC es un grupo de investigación bicampus, aunque para la presentación de sus múltiples temas de investigación me centraré principalmente en el Campus Terra. Así, en Santiago se desarrollan las líneas de Aerobiología y Fenología, Ficología (tanto algas dulceacuícolas como marinas) y Ecología del Fuego. Por lo que respecta al Campus Terra tenemos líneas de investigación tan diversas en Biodiversidad Fúngica y Patología Vegetal, Métodos Geomáticos para el Análisis de la Biodiversidad (mediante el uso de imágenes de sensores remotos), y las dos líneas centradas en la Biología de la Madera en las cuales participo: Xilogénesis (estudio de la formación de la madera a lo largo de la estación de crecimiento) y Dendrocronología y Anatomía Cuantitativa (centrada en el análisis de los anillos de crecimiento de los árboles).

Sin embargo, no destacaría ninguna de las líneas como más prometedora. Hasta ahora el grupo fue capaz de conseguir notable financiación en todas ellas, a veces fluctuante de unos años a otros; algunas, por su naturaleza, como las de investigación básica, reciben mayor financiación pública, mientras otras captan tienen mayor facilidad para la captación fondos privados por su aplicabilidad inmediata. Pero es que hoy en día la mayor parte de los proyectos de investigación requieren una visión multidisciplinar y no la participación de una única línea.

En ese sentido, en el Campus Terra hemos conseguido integrar las diferentes líneas de investigación, lo que se plasmó, por ejemplo, en el proyecto nacional THERMOXYLO, en un convenio sobre la mortalidad de las alisedas o en nuevas solicitudes de proyectos que se encuentran en curso.

-Con más de 65 artículos indexados, un elevado número de citas y una amplia labor como revisor y editor, ¿Cómo valora el papel de la publicación científica en la construcción de conocimiento y en la proyección internacional del Campus Terra?

-La publicación científica es el producto que mayor visibilidad da a la investigación, y es necesaria para que ese conocimiento pueda llegar a otros grupos de trabajo y de esta manera progresar. Respecto a la labor como revisor y editor, especialmente la primera de ellas, creo que esencial realizarla. 

Con frecuencia se ve como un trabajo ingrato, ya que en cierto modo parece una carga “extra” sin ningún tipo de remuneración para quien la realiza, pero es necesario para que el sistema siga funcionando. Dado que en las publicaciones científicas se emplea la “revisión por pares”, es decir, existen una valoración previa del trabajo por otros expertos en la misma temática, creo que lo justo sería que un investigador presente al menos un número similar de revisiones realizadas al de sus publicaciones. 

A mi labor en estos campos añadiría también la revisión de propuestas científicas, que realicé para agencias de varios países (aunque es un dato que con frecuencia no se muestra, ya que muchas de ellas son anónimas). Es también una labor fundamental para que todo el sistema siga funcionando.

En cuanto a la proyección internacional del Campus Terra con respecto a sus publicaciones científicas, creo que a veces no nos damos cuenta de que realmente existe un gran nivel. Basta con asistir a cualquier actividad en que se presenten distintas líneas de investigación del Campus, o un vistazo al Portal da Investigación de la USC en que se muestran las publicaciones y los proyectos de investigación para darse cuenta de la relevancia del Campus.

También considero que sería muy importante incrementar la labor de divulgación con el fin de dar a conocer al público en general los principales resultados y la importancia de la investigación científica, y todas las actividades dirigidas a la población escolar con el fin de despertar el interés y la vocación científica.

-En su trayectoria docente ha dirigido múltiples TFG, TFM y tesis doctorales. ¿Qué busca transmitir al alumnado y qué aspectos de la docencia considera más esenciales para formar a las nuevas generaciones de botánicos e investigadores?

-Por desgracia, noto una tendencia cada vez mayor a que los estudiantes presenten menos interés por la investigación y en general los trabajos de tipo científico. Esto lo noto especialmente en los TFG y TFM, de los cuales dirigí múltiples desde mi inicio como profesor, pero si recuerdo bien, tan solo uno en la última década. El caso de las Tesis Doctorales responde en gran medida a los recursos captados, que con frecuencia llevan asociados contratos para investigadores, pero sí me parece haber menos interés que cuando yo terminé la carrera.

También es verdad que se echa en falta que el Campus tenga una mayor formación en ciencias básicas, en las que es más frecuente encontrar estudiantes con mayor vocación hacia campos científicos como la Botánica. En cualquier caso, resulta fundamental que los estudiantes tomen conciencia de la importancia de la investigación científica y de cómo se realiza.

Para mí es muy importante que el alumnado, a través de la docencia, vaya conociendo cómo se realiza un trabajo de investigación, y que trabaje en alguna actividad en el aula con artículos científicos adecuados para su nivel académico. Con frecuencia, los estudiantes que durante su carrera realizan trabajos experimentales, o sobre todo un TFG o TFM dentro de grupo de investigación, muchas veces descubren una vocación científica que antes no habían manifestado.

-Para terminar, ¿A qué preguntas científicas le gustaría responder en los próximos años sobre los bosques atlánticos y mediterráneos, y qué papel cree que debe jugar la universidad en la conservación y gestión sostenible de estos ecosistemas?

-Hasta el momento, la mayor parte de mi investigación estuvo centrada en robles, y todavía existen muchas preguntas científicas por responder en estas especies. Pero me gustaría extender mi investigación a otras especies y comprender mejor qué factores ambientales controlan su crecimiento, cómo fue su comportamiento en el pasado y tratar de inferir su comportamiento futuro ante posibles cambios ambientales.

En este aspecto, la técnica en la que más me gustaría profundizar es en la Anatomía Cuantitativa de la Madera, y comprender bien las señales que se pueden registrar en la madera a nivel celular y cuáles son las causas que desencadenan una determinada respuesta en los árboles.

Tengo que reconocer que en mi caso siento una especial inclinación hacia la investigación básica, hacia entender por qué se producen las respuestas de las plantas. Y esta investigación solo la podemos hacer desde organismos públicos con la financiación adecuada, sin necesidad de esperar un retorno inmediato. Hay que ser consciente de que esa generación de conocimiento siempre ofrecerá un retorno, pero muchas veces diferido en el tiempo. 

Por ejemplo, en un momento determinado se quiere saber cómo responde una especie o un bosque ante una perturbación, una enfermedad, o cuál va a ser su comportamiento frente al cambio climático. O bien existe un proceso que ya está produciendo degradación en los ecosistemas y queremos saber cómo intervenir, y cuál sería la respuesta que esperaríamos. Pero sin esa investigación básica faltan conocimientos necesarios para poder plantear soluciones, por ejemplo, cómo funciona una especie, qué factores ambientales limitan su crecimiento, cómo responde ante diversos eventos, o qué factores pueden hacer que esa especie se vea beneficiada o perjudicada. Este es el tipo de investigación con el que más me siento identificado.

Obviamente no se puede olvidar la aplicación de esos conocimientos, y muchas veces no se avanza porque los resultados de esta investigación básica no llegan a otros investigadores más orientados a su aplicación inmediata. Además, los resultados de la investigación, tanto básica como aplicada, deben ser difundidos a las personas responsables de la gestión y de la toma de decisiones. Creo que sería deseable una colaboración más estrecha entre los investigadores y los gestores, de modo que estos aplicasen los resultados de la investigación, y que los investigadores supiésemos cuáles son las necesidades de respuesta que debemos dar, y de este este modo podamos orientar nuestra investigación a las necesidades.

Los contenidos de esta página se actualizaron el 29.01.2026.